Hermosa ella…

Hermosa ella…
Para Lucía Morett
Caen uno a uno los cuerpos.
Ella no mira
el parpadear de los ojos.
Grita, llora, recuerda
(todo en silencio)
y pausando el paso
susurra: vive “aquí y ahora”
lucha “aquí y ahora”
canta “aquí…”
Y ahoga.
Su madre siente un espasmo
y el frío corrompe la tranquilidad.
Arrulla (su voz)
el dolor en el vientre,
y el tormento (de Lucía)
- frente a sus labios sordos -
el amigo,
el compañero,
el caminante.
¿Dónde quedó aquella noche de ensayos,
el libro tendido en la cama,
las letras vertidas en la taza de café
y los niños jugando a ser (y a no-ser)?
Ella no mira.
Cae.
Las sonrisas amortiguan el golpe.
Su padre escribe: “Libertad…”
sin saber que es la mano de Lucía
quien traza
con ceniza
el eco de una voz
en las entrañas.
Caen
uno
uno
Lucía cierra los ojos.
Despierta.
Hoy se le mira hermosa
(se le mira hermosa).
Corre en el viento su nombre
de infamia concluida,
¡no más pesadillas!
Y canta.
Pero en sus ojos
se dilata (se dilata… se dilata…)
el dolor del campesino,
la ausencia (rota) de los labios iraquíes,
el llanto frustrado
en la mujer violada,
el hombre sin cobija,
el caminante que ha perdido el paso,
la humanidad
que inhumana se consume
en el sabor a fierro carmín
que nunca debió ser suyo.
Hoy se le mira hermosa.
Hermosa ella…
(de mi corazón).
Randira Escalante
Estudiante de Teatro de la Universidad Veracruzana.
Publicado en:
Aquí centros regionales…Publicación periódica de la Dirección de Centros Regionales de la Universidad Autónoma Chapingo. Año 14. Número 54, Marzo 2008. México















