Narcotráfico: 700 cabezas + ó -

En lo que va del año, alrededor de 700 cabezas han tocado el suelo, víctimas de la violencia entre narcotráficantes (algunos de los cuales tienen también, otros empleos “más honorables” - como políticos, empresarios o policías), misma que se ha disparado a raíz de los grandes operativos policiaco-militares con que pensó legitimarse Felipe Calderón.
Queríendolo o no, lo que ha estado haciendo el gobierno federal es hecharle más leña al fuego, bastante intenso de por sí, debido a la guerra del cártel de Sinaloa contra la gente de Osiel Cárdenas, quien fue extraditado recientemente a los United States, junto con otros 10 peces gordos.
Y es que el narcotráfico es una serie de redes estilo telaraña, muy jerárquicas. Cuando se les quita el centro este no desaparece, simplemente quedan colgando algunos cabos, que comienzan a luchar por extenderse y apañar así la jefatura, pa’ llenar ese vacío de poder.
Dicha telaraña se sostiene gracias a sus extremos:
1] la gran demanda, procedente principalmente del gabacho, aunque no sólo;
2] la falta de oportunidades para los campesinos, a quienes les resulta más rentable sembrar una parcela de amapola que una de (por decir algo) jitomates, dada la competencia desleal a la que son sometidos sus productos gracias al bendito TLCAN;
3] la corrupción endémica del actual sistéma político, erredicable únicamente si se reconstruye desde cero, o sease, con una bonita revolución; y
4] la prohibición y penalización del consumo y la producción de las distintas drogas, lo que facilita la creación de mafias que se engarzan con el punto número 3, y tienden como toda gran industria a buscar el monopolio, con la consecuente dosis de sangre que traen todos los intentos de expansión.
Ya hemos hablado aquí de que todo esto del comabate al narcotráfico es una gran pantomina, la violencia que este produce tiene una raíz más profunda que la existencia de unos cuantos capos. No hay verdadera voluntad de erradicarlo, porque es bastante funcional para el poder.
En el mundo que imaginamos, la producción de sustancias psicotrópicas estará descentralizada en distintos invernaderos que trabajen a modo de cooperativa. Su consumo no estará penalizado, y su venta o trueque deberá siempre ir acompañada de información sobre los posibles efectos, negativos y positivos, que tengan estas sobre el organismo.
Su uso no será solo lúdico o religioso, sino también medicinal. Por ejemplo, nos consta (luego les decimos como) que en los actuales hospitales militares la marihuana es utilizada con fines terapeuticos; gran parte de las incautaciones van a parar a estos, otra vuelve al mercado, y otra más pequeña es quemada frente a las cámaras de televisión.
Por otro lado, la corrupción habra sido erradicada (ya dijimos cómo) y los campesinos tendrán la libertad de generar nuevos cultivos, dada la protección que mantendremos como federación hacia sus productos, en una política que busque antes que nada garantizarnos una soberanía alimentaria como país.
¿Sueños guajiros…?, tal vez. Ideas y proyectos les decimos nosotros. Todo este asunto esta lleno de una gran hipocresía, y esta imperará si no empezamos a hablar de acuerdo con la realidad que vemos día a día, el narcotráfico es un fenómeno que se nutre de supuestos y mentiras.















