El PRD: la obsolescencia de un modelo

Que siempre no. Ni la yunquista Ana Rosa Payán, ni los consejeros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), serán candidatos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en los próximos comicios de los estados de Yucatán y Oaxaca respectivamente.
En el primer caso, la marcha atrás se dió por parte del propio instituto político, a raíz de que se desató un alud de críticas (incluso entre quienes parecían sus incondicionales), que básicamente resaltaron la total incongruencia del partido al postular a una reconocida militante de la ultraderecha siendo el mismo una organizacíon, según esto, de izquierda.
Muchas de esas voces (las otrora incondicionales) han callado o pasado por alto, las veces que el PRD postuló a connotados ex-priistas a las gubernaturas de Hidalgo, Zacatecas, Chiapas, entre otros. Eso no les pareció incongruente tal vez porque desde su nacimiento, este le apostó al desgajamiento del entonces partido hegemónico para fortalecerse, y de paso al control y la cooptación de los movimientos sociales y sus “líderes”.
Según muchos propagandistas (analistas les llaman) esto último era una de las mayores virtudes del mentado partido, la de llevar hacia los limitados y acotados “cauces institucionales” las exigencias de la protesta popular, para que al final estas fueran una bandera enarbolada por los mismos de siempre, aquellos que como diría Lampedusa “dejan que todo cambie para que todo siga igual”.
Sin embargo, el segundo caso que aquí se trata muestra la obsolescencia de este modelo, los movimientos sociales ya no se tragan el anzuelo electoral, pues muchas traiciones y mediatizaciones de las demandas populares se han visto en todos estos años, y la gente pide cambios reales.
Prácticamente no hay movimiento social de gran relevancia que no haya terminado por marcar su raya frente al oportunismo de los camaleones políticos del perredismo. Desde hace unos siete años para acá, son cada vez más frecuentes las voces que desde la izquierda se desamarcan de una castrante institucionalidad y pugnan por construír, desde abajo, y no pocas veces desde cero, otra forma de hacer política.
La APPO, aunque un poco zigzagueante todavía, va por ese camino, el mismo que hace un rato tomó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y las organizaciones sociales que ahora integran La Otra Campaña. Los resolutivos de su reciente asamblea de concejales fueron claros:
… aquel integrante, dirigente o consejero que decida participar como candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y los partidos que forman el Frente Amplio Progresista (FAP), tendrán primero que renunciar a la APPO y postularse a título personal.Si bien se promoverá el “voto de castigo” hacia los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional (lo que implica sufragar por alguno de los otros), de entrada se le cierra el camino a la creación de vínculos orgánicos con el desprestigiado partido “centro-izquierdista”, que puedan llevar al encumbramiento de unos cuantos y a la desmovilización.
El espejismo electoral empieza a desvanecerse para los movimientos de izquierda, no va por ahí el cambio justo y verdadero que precisa nuestro país. Aunque hace mucha falta platicar para ver por donde es la cosa, pues tampoco el vanguardismo guerrillero ha ofrecido muchas respuestas.
Civil, participativo, horizontal y tan pacífico como las circunstancias lo permitan, sera el conjunto de esfuerzos que establecerá un mejor lugar para tod@s en estas tierras. En esas andamos…, en esas hay que andar.















