La APPO: érase una vez un gobernador…

La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), nació poco después del 14 de junio, como una respuesta solidaria de distintas organizaciones sociales ante la represión de que fueron objeto los maestros de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
Estos mantenían un plantón en el centro de la capital de su estado, exigiendo como lo hacen cada año, una mejora en sus condiciones salariales y mayores ayudas en materiales, becas y desayunos para sus alumnos. El pliego petitorio original lo pueden ver aquí [pícale].
Se puede decir que hasta ahí todo iba “normal”, cualquiera hubiera esperado que el gobierno regateara un poco las demandas y el sindicato hiciera otro tanto, para al final llegar a un acuerdo en el que ninguno de los dos estuviera totalmente satisfecho aunque sí conforme.
Pero no, un factor tiró por la borda cualquier arreglo de lo que en ese entonces era un conflicto magisterial, por la vía de las pláticas y negociaciones con el gobierno estatal; ese factor fue el flamante y nuevo gobernador Ulises Ruíz Ortíz (URO).
Se dice que URO llegó al gobierno por la vía del fraude electoral, pues era conocida su trayectoria [pícale] como “mapache mayor” del priiismo. En México se les llama “mapaches” a quienes se dedican a embarazar urnas con votos falsos, regularmente para favorecer a los candidatos del otrora partido hegemónico, el PRI, aunque la verdad en todos los lados se cuecen habas.
Pero bueno, URO aparte de fraudulento tenía fama de duro, y de hecho una de sus principales promesas de campaña (muy a tono con las que sostuvieron después Felipe Calderón y Roberto Madrazo), era que no iba a permitir mayores “desmanes” en la ciudad de Oaxaca, pues las marchas y plantones afectaban, según su parecer, negativamente al turismo de la capital.
Igual tenía razón, los señoritos empresarios y hoteleros que pagan sueldos de miseria a sus empleados y los visten con trajes típicos para proyectar una imagen folklórica e idílica del estado, veían afectadas sus ganancias con cada movilización, mismas que habían venido aumentando en los últimos años.
Esto último no resulta nada extraño, pues Oaxaca es uno de los tres estados más pobres del país, y tal vez por ello también, uno de los que ha visto nacer a más organizaciones sociales con diversos objetivos y demandas, a lo largo de su historia. Si en la ciudad de México los medios comerciales tratan de espantar a la gente con las marchas de “los Panchos Villa y los CGH’s”, en Oaxaca no les alcanza el espacio para nombrar a todos los movimientos a criminalizar en sus versiones amañadas de los hechos.
Represión gubernamental + solidaridad = APPO
Todas estas organizaciones sabían la suerte que les deparaba si Ulises Ruiz se mantenía en el poder, pues conocían su mafioso estilo de actuar, ese cabrón “primero pega y luego pregunta” decían, cosa que se vino a corroborar el 14 de junio, cuando éste ordenó el desalojo del plantón magisterial para luego llamar a diálogo a la dirección de la sección 22 del sindicato.
Por pura congruencia, la sección 22 lo desconoció como interlocutor y añadió a su pliego petitorio la demanda de su renuncia, exigiendo a su vez el establecimiento de una mesa de diálogo directamente con el gobierno federal, mismo que no aceptó sino semanas más tarde, arguyendo que todo era un problema local y que por ello no le correspondía atenderlo.
Al mismo tiempo, cuando se comenzó a saber del operativo contra los maestros, organizaciones que regularmente jalan cada una por su lado, realizaron tomas de ayuntamientos, cierres carreteros, marchas y mítines por todo el estado, exigiendo el cese de la represión.
Luego, 365 de éstas, más varios representantes de ayuntamientos y personas a título individual, fueron confluyendo en reuniones en la capital, estableciendose así el germen de lo que formalmente se constituiría el 17 de junio, apenas tres días después del desalojo, como la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) cuya única demanda fue la desaparición de poderes del estado, y por ende “la caída del tirano”. URO engendró solito su desgracia.
De ahí pal real, tanto el gobierno federal como el local han establecido estrategias para desbaratar ese esfuerzo. No está de más decir que hasta el día de hoy ninguna de éstas les ha funcionado, y Ulises Ruín, hoy más que nunca se está tambaleando en su puesto, aunque sigue de aferrado.













