Vigilancia y castigo

Celda dentro de un Panóptico.
Todo un clásico contemporáneo de la historia y la filosofía, el libro Vigilar y castigar: El nacimiento de la prisión de Michel Foucault, continúa inquietando la sesera de quien se le acerca gracias a su estilo lúcido y preciso.
Esta narración sobre la transición que hubo durante los siglos XVIII y XIX de una forma de castigo que se centraba en el cuerpo o otra centrada en la mente de los inculpados, encuentra resonancias que golpean y cuestionan los cimientos de muchas instituciones consideradas “básicas” en nuestras sociedades: las cárceles, las escuelas, los asilos, las fábricas, los manicomios, el ejército, los hospitales…
Y esto porque da justo en el clavo que sostiene la estructura de todas ellas, el poder disciplinario creado en torno a mecanismos punitivos que sancionan sobre el grado de “normalidad” de los individuos… ¿cuáles son estos?
Pues 1] la vigilancia: los registros, las estadísticas, las clasificaciones, las actas, los historiales, en fin, todo aquello que señala la ubicación y el estado de una persona; y 2] el castigo: cuya expresión más extrema es el encierro, pero que incluye también una multitud de “pequeñas sanciones”a ser aplicadas en las instituciones referidas arriba, que se encaminan a “corregir” nuestra actividad de acuerdo con una norma.
Un ejemplo claro de ello son las calificaciones que se le asignan a los alumnos en las escuelas, un 6 además de clasificar al individuo para su vigilancia, sanciona el “correcto” funcionamiento de su desempeño cognositivo, basándose en normas desarrolladas por las instituciones de eseñanza.
Así es dirán, pero no lo ha sido siempre (ha veces ha sido peor y otras no tanto), y esto es los que Michel Foucault nos viene a mostrar, la historia del nacimiento de estos micropoderes cotidianos que regulan la vida y la muerte de los que aquí estamos. Total que les recomendamos ampliamente el libro, que sobreponiéndose uno a su densidad, es muy entretenido y da mucho qué pensar.















