Este 2 de julio, la abstención es una opción

Camaleón.
Si nadie te convence de los candidatos a la presidencia, es más, si consideras que la democracia tal y como está estructurada antes que fomentar limita la participación, y no se ve a mediano plazo una auténtica reforma (radical en el sentido etimológico) que la haga más abierta y le quite lo oligárquico, ¿porqué acudir a votar?
Tres clásicas respuestas de los “creyentes” (a quienes va dirigida esta nota) son:
1. Porque si no vas, no puedes opinar después.
Absurdo, en un sistema democrático cada quién debería poder opinar (y protestar si así conviene) sobre lo que le concierne y lo que no, cuando le venga en su soberana y real gana.
Si uno no votó por Vicente Fox, ni por ningún otro en las pasadas elecciones, ¿deberíamos entonces todos los que así procedimos habernos callado luego de que al pelmazo se le ocurrió gravar con 15% de IVA las medicinas nuestra venerable abuela?
Si tu respuesta es que sí, entonces deberías decirle tú, que sí votaste y que por ello en teoría vas a ser re-escuchad@, que no le intente cobrar ese impuesto a los que eligieron estar fuera del juego, que no se meta con ellos para que no desquicien el tráfico ni hagan mitines, y así todos tan tranquilos.
Pero obviamente no, el señor y todos los burócratas de alto vuelo necesitan cobrar jugosos sueldos, los banqueros necesitan su rescate vía IPAB, el ejército requiere más armas, la policía más gases, hacienda más inspectores, la abuela un cajón bonito pa’ su tumba y al parecer nosotros un bozal. ¿Es ese el sistema democrático que pretendes que se legitime?
Si sigues respondiendo que sí, entonces ch… t. m….
2. Bueno, porque es preferible de los males el menor.
Ya se te dijo que pensamos que no se ve a mediano plazo una auténtica reforma (radical en el sentido etimológico) que haga a la democracia que nos rige más abierta y le quite lo oligárquico. No hay males menores, hay diferentes males. Los mismos funcionarios cambian de color y joden iniciativas autónomas (independientes) por doquier.
Nosotros somos parte de eso que se llama izquierda, luego entonces, según tu deberíamos votar por el candidato “más cercano a ella”, aunque esté rodeado de ex-priistas y aunque su actuar se haya inspirado en los postulados de la “cero tolerancia” de Rudolph Giuliani, aderezado con una pizca de clientelismo setentero.
Gracias a este último por cierto, la abuela lo adora, aunque también se pregunta por qué el procurador de justicia de la “ciudad de la esperanza” gobernada por su héroe, dijo que Digna Ochoa se mató con una bala teledirigida. No con esas palabras claro, aunque casi.
Si nos sigues pidiendo que votemos por él sólo obtendrás una respuesta: ch… t. m…., que fué la que se llevó la abuela con todo y que la queremos harto.
3. Porque si no, entonces no queda más que la apatía, no hay opción.
Nosotros estamos en la Otra Campaña, que es una de las vías alternas que hay para intentar cambiar las cosas de a deveras. Un movimiento pacífico que pretende juntar las voluntades de gente buena y honesta, de abajo y a la izquierda.
Cierto, es una opción incipiente, hay que construírla, va a ser muy lento el proceso, va a ser difícil también, va a molestar a más de uno, exige más participación que manchar tu dedo y marcar un papelito cada tres años. Pero va a resultar de ella algo mejor, lo juramos por nuestra celebrada abuela, que deberá estar viva todavía para ese entonces.
No hay en ella recetas de 50 puntos, ni caudillos para aplicarlas (con todo y que el sup tiene sus fanátic@s). Lo que sí hay es harta voluntad, algunas ideas, mucho trabajo detrás, y más trabajo pa’ realizarse.
Así que si no te molesta, nosotros seguiremos dándole a eso de intentar construir una democracia además de representativa (es decir, valga la redundancia, donde uno pueda elegir libremente a sus representantes), directa y participativa, en la que se anule la separación existente entre el cuerpo burocrático administrativo y la banda, mediante prácticas de autogobierno.
Si sí te molesta, pues otra vez ch… t. m….
Conclusión.
Este 2 de julio, la abstención es una opción. No es claudicación, no es apatía. Es un mucho de hartazgo y un poco de sensatez. Es tener claro que por ese lado ya no se puede avanzar y no se puede obtener nada, excepto mantener a una bola de camaleones sobre las espaldas del común.


















La anulación también lo es compas. Si bien el sistema trabaja con el abstencionismo del 70%, tambien lo hace con la anulación.
Mas sin embargo, me parece “mas activo” la anulación. ¿Por qué? porque, nosotros los de la otra, no estamos en contra del concepto de elecciones, estamos en contra de sus elecciones, que no representan mas que la continuidad de la pobreza, de los ricos y de la misma mier**.
Asi pues, la anulación es una opción. Pero no solo eso, organizándose y luchando. Porque si bien la abstención en nuestras sociedades consumistas, no significa mas que quedarse viendo el televisor, la anulación implica que afrontas su sistema, y que te paras y escribes en tu boleta:
“Libertad a l@s pres@s politic@s”
“Queremos educacion gratuita y pública para tod@s”
“Ninguno representa los intereses ni el beneficio del pueblo”
Y asi.. al menos, los sacaste de la indiferencia del sofá.
Comment by Morfeo — June 26, 2006 @ 8:05 pm
Sobre lo de que “nosotros los de la Otra no estamos en contra del concepto de elecciones”, al parecer nos perdimos el día en que se tomó ese acuerdo.
Según nostros no hay todavía nada en concreto sobre ese punto.
Pero bueno, concordamos básicamente con lo dicho por la Comisión Sexta de que la cuestión no es “votar o no votar”, sino organizarse o no hacerlo.
Aunque eso de organizarse para ir a escribirle recaditos al IFE en las boletas la verdad no nos convence demasiado. La onda creemos, es ir más allá del 2 de julio por la construción de una alternativa de abajo y a la izquierda, superar sus tiempos.
Comment by sabotaje — June 26, 2006 @ 9:18 pm