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Radio Sabotaje

May 22, 2006

La valiente Valentina

vale

Es difícil que si has estado buscando información sobre lo sucedido en Atenco, no te hayas topado ya con el testimonio de la documentalista chilena Valentina Palma Novoa. Ella fue una de las primeras que se atrevió a decir con todas sus letras, lo que les habían hecho los policías a ella y las otras detenidas, en el traslado luego del operativo. Dos palabras valientes en boca de cualquier agredida: abuso sexual.

A continuación te pasamos íntegra una nota que nos llegó al correo, de uno de sus compas. En alguna ocasión dijimos que considerabamos que cualquiera podía reportar desde su muy particular y explícito compromiso, sobre las situaciones que le concernían, este testimonio nos lo viene a confirmar. Vale:

From: Rodrigo Solís [xxxxxxxx @gmail.com]
Date: 15-may-2006 17:47
Subject: Esto mismo pasó, pasa o le puede pasar a cualquiera
To: radiosabotaje@gmail.com

Más que otra cosa, Valentina Palma es mi amiga.

No te creas que mi comadre, mi compita. No. Ella es mi amiga. Desde hace mucho, siete, ocho años, cuando estudiaba Antropología. Coincidimos en muchos espacios. Imagínate que mi hija vive con la Bere, en la misma casa. Pero además he sido actor de sus películas y cómplice en algunos guiones. Hemos paseado por la ciudad en bicicleta. Es mi amiga.

Dicen los periódicos, es cineasta, es antropóloga. Dicen los bandidos: es extranjera. ¡¿Qué hacía una extranjera en el ataque policiaco a un pueblo campesino?!

En ningún lado dice que es mi amiga. Y que yo he sido golpeado profundamente junto con ella, como cualquiera que tiene un desaparecido político, porque muchas horas no supimos de ella. Y minuto a minuto pensamos que podía estar muerta.

Supe que Valentina iba a San Salvador Atenco a las diez de la noche del miércoles 3 de mayo, el día de los primeros enfrentamientos. Estuve en Tlaltelolco cuando el Delegado Zero anunció la alerta roja. Pensé que no debía ir. Bere y yo nos quedamos discutiendo hasta muy tarde sobre eso: que Vale no nada más es valiente. También es cineasta. Tiene todo este conocimiento al respecto de la fabricación de las imágenes que nos explicarán quienes somos. Tiene (tenía, porque la policía se la robó), una cámara. Incluso hablamos sobre que a veces las cámaras previenen abusos a los derechos humanos.

Ingenuos, idiotas que somos.

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A las diez de la mañana del jueves se transmitió por la Ke Huelga (102.9 fm, www.kehuelga.org), un enlace en vivo desde San Salvador. Una compañera asustadísima decía que estaba escondida en una casa, que no podía ver por la cantidad de gas lacrimógeno, que la policía rompía las puertas y entraba encañonando a los niños y arrestaban a cualquiera que tuviera alguna calcomanía o distintivo del EZLN, pelo largo, tatuajes, aretes, o cámaras de video.

La policía atacó entre otras particularidades, a los que pudieran ser testigos.

El celular de la Valentina sonaba fuera del area de servicio.

Tenía Valentina también preparación, como chilena que vivió el Chile de Pinochet, contra la represión policiaca. Lo dijo por ahí un reportero de derecha recién salida del closet, que tenía “antecedentes” -así dijo- de izquierda.

Pues esos “antecedentes” hicieron que gritara su nombre cuando la detenían. Se ganó una madriza tal que conmovió a un reportero del Universal que anotó y publicó su nombre.

Como a las dos de la tarde tuvimos la certeza de que Valentina había sido detenida por la policía estatal desde las ocho de la mañana. A las nueve de la noche apareció su nombre en la lista de ingresados a Almoloyita.

Caray. Lo conté muy aprisa.

Seguro que no te quedó claro, por ejemplo, lo que es comer mientras piensas que una amiga tal vez, pudo escapar de la policía, que tal vez esté escondiéndose en un pueblo lejano, que quizá la hayan golpeado al grado de que no sea posible presentarla.

No se si te puedes imaginar, que lo primero que supimos, por uno de esos malentendidos que ocurren durante las emergencias, que estaba en Almoloya, en el Penal de máxima seguridad, donde están, por ejemplo, el mochaorejas, los hermanos cerezo… uf. Me decían, Valentina está en Almoloya, y yo veía a mi hija frente a la tele. Y pensé en la policía encañonando niños en San Salvador. Y tuve pánico y lo contagié y salí con mi hija corriendo de la casa -la misma casa donde vivía Valentina-, pensando que en cualquier momento llegaba la policía. Así que ahora mi hija también tiene “antecedentes” de lo que es salir corriendo, de noche, a mitad de la merienda, con los zapatos y las agendas en la mano.

Y ahora sabemos que no, no era Almoloya, sino Almoloyita.

Pasé la noche en vela. La Bere y demás amigos de la Valentina se fueron a Almoloyita con los documentos migratorios. Yo me quedé a cuidar a la hija, a rastrear información por teléfono e internet. En algún momento me avisaron que habían visto a Valentina un momento a través de la reja, mientras la trasladaban. Nadie sabía a dónde. Estaban siguiendo una camioneta. La Valentina lucía muy golpeada, y muy asustada. Le pudieron pasar alguna identificación y un abrigo.

Me dijeron también que faltaba un papelito, así que nos lanzamos a buscar. No faltaba nada, Valentina tenía todos sus papeles en orden, juntos, en un folder rojo al lado de su escritorio. Acababa de renovar su fm-3. Tenía cita para el 7 de mayo para recoger no se qué papelito sellado.

Tu, que conoces a los policías, cuando menos a los de tránsito, ¿te imaginas lo que es estar en una casa a sabiendas de que la policía tiene en su poder las llaves? Si no los conoces, aquí hay un testimonio (.mp3) de algunos polis que se arrepintieron. Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez.

Fue tan tremendo lo que hizo el estado en San Salvador Atenco, tan sucio y ruín que por supuesto que tuvimos mucho miedo.

Otra carrera a las cinco de la mañana, para llevarle a los amigos todos los papeles de Valentina, trabajos de la escuela, cosas de la beca que se ganó, sus ahorros, sweteres y café. Ya estaban en las agujas, en la estación migratoria de iztapalapa. Y de regreso, a la casa, a cuidar a la hija.

¿Te imaginas?

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Dormí muy poco, abrazando a mi niña. Me levanté temprano. Todo el día tuve el radio y la televisión prendida, el celular en la mano, la computadora conectada enviando y recibiendo mensajes de distintas personas.

El 5 de mayo en México es un día feriado. Se conmemora la batalla de Puebla, contra los franceses. Es curioso porque es una batalla que perdimos. Ustedes la pueden ver anotada en el arco del triunfo, bajo la lista de victorias de Napoleón. Igual, el festejo a la derrota es oficial, y no trabajan juzgados, médicos, abogados, ONG’s. Etcétera. Otra prueba más de la premeditación del estado para dar el golpe. Dos veces más difícil conseguir amparos. Los funcionarios lo están haciendo todo mal, en algún momento salió un coche con Mario, el otro chileno detenido, de la estación migratoria a toda velocidad. Amigos por teléfono narraban la persecución por periférico, a 140 kilómetros por hora, tratando de perderlos. ¿Que quieren hacer? ¿A dónde lo llevan? ¿Qué le van a hacer a Valentina? Te lo platico nomás para evidenciar el terrorismo de estado. ¿Porqué no informar que lo llevan al consulado? ¿Porqué el interés en que estuvieran desaparecidos?

Ocurrían otras cosas al mismo tiempo. El Comité Cerezo denunciaba hostigamiento en sus visitas de Derechos Humanos a San Salvador Atenco, compañeras recibieron amenazas a sus celulares y a sus mails. Reportan en todos lados que hay movimientos extraños, automóviles negros con placas del estado de México. Todos los noticieros oficiales son muy claros: se actuó conforme a derecho. Todos los noticieros independientes están en estado de shock, al recibir los primeros testimonios, y en el recuento de daños. Veinticuatro horas después del ataque a Atenco, había más de sesenta desaparecidos que no merecían mención en la tele.

No recuerdo la hora exacta, pero sobre las cuatro de la tarde, Bere me llamó por teléfono, hecha un mar de lágrimas, porque había hablado con Valentina unos momentos, y fue así que nos enteramos que habían abusado de ella los policías. Minutos después las autoridades migratorias volvieron a desaparecer a Valentina.

No exagero: la desaparecieron. Salieron dos autos a toda velocidad con los extranjeros a bordo. Fue imposible alcanzarlos en el tránsito habitual de la ciudad de méxico. Nos empezaron a llegar todo tipo de rumores: que la llevaban al aeropuerto para deportarla (aunque el cónsul de Chile aseguraba que era imposible), que la llevaban a las oficinas centrales en Polanco, que la llevaban al aeropuerto de la ciudad de Toluca para que el actuario no pudiera entregar el amparo.

Casi que a las adivinanzas fueron los amigos al aeropuerto. Había muchísima policía. De la normal y de la otra, la subnormal, la de civil. En la guarida del personal de migración mintió asegurando que ahí no estaba. A la Ke Huelga llegaron rumores de que un cuerpo de granaderos se dirigía al aeropuerto.

golpes

Un amigo describió muy bien la sensación de estos días: sería un desperdicio de policía, somos doce monitos sentados en un sofá, pidiendo informes, en una oficina cerrada. No podemos hacer nada.

No pudimos hacer nada. Todavía según me cuentan cuando Valentina subía al avión, unos agentes del CISEN le mostaron las llaves de su casa, como amenazandonos a nosotros, los que no podemos ser deportados.

Me acuerdo que intentamos ser positivos. Nos juntamos a comer pizza. Hablamos de que al menos no habían matado a Valentina. Aunque claro, mataron a Alexis (muerte cerebral por el impacto de una granada de gas lacrimógeno, anunciaron hace un momento), y a un niño de 14 años que gritó, ahí viene la policía. Bueno, pero el cine de Valentina cambiará, y será mejor y más honesto después de esto. A nuestro alrededor mil cosas claves que no se fueron con Valentina, computadora, agenda, macetas de flores, adornos brujiles, cepillo de dientes, cajetilla de cigarros a la mitad.

Tratamos de ser positivos como ese que después del naufragio mira como aparecen restos flotando y se alegra porque recuperó la bitácora del barco: aquí hay una bicicleta que no tendrá dueña, y una guitarra que nadie tocará.

Lo bueno es que Valentina ya está con su mamá, pensé, como muchas otras estupideces que pensé en esas horas.

La situación no tiene nada de bueno.

Eso me quedó claro cuando pudimos leer el testimonio que envió Valentina desde Chile.

Y cuando poco a poco han ido apareciendo publicadas en el periódico fotografías. Hay una entrevista chida (aunque no suena muy bien) en Radio Bemba FM.

Y poco a poco entiendo que no volveré a ver a mi amiga Valentina, que me la desaparecieron, que no me la pueden devolver. Que la próxima vez que la vea, estaré ante una veterana de la resistencia, que conoce el sabor del gas lacrimógeno, que ha sido torturada, que ha sido vejada, humillada. Mira tu mismo este video corto de la detención de Valentina.

Liberarán a todos los detenidos, o nos encarcelarán a todos. Pero no nos revivirán a los muertos, ni des-torturarán a los torturados. Las mujeres violadas seguirán violadas por el resto de sus días. Las cicatrices no cerrarán.

Pero hay Otra manera de hacer las cosas. Hay esperanza.

Esto mismo pasó, pasa o le puede pasar a cualquiera.

Mucho verbo debilita.

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