
El
buda de los suburbios del escritor inglés de origen paquistaní
Hanif Kureishi, es una de esas novelas que en cierto momento se perfilan como de culto, más quién sabe que es lo que les pasa en el proceso y quedan atrapadas en un limbo, esperando su posterior rescate gracias al esfuerzo y oración de los letrados.
Así que haciéndole al beato, y pidiéndole al cielo que nos aventara algo para leer este verano, hemos encontrado justo lo que se nos dijo que ibamos a encontrar cuando nos cayó el volumen de 366 pagínas en la cabeza: sexo, drogas y rock and roll.
Tal y como afirmó con sorna alguna vez Kureishi (autor de guiones famosos como Mi hermosa lavandería o Sammy y Rosie se lo montan) la obra es una “novela histórica” situada en Londres durante la resaca que había dejado el utopismo sesentero, en un ambiente de decadencia hippie en su camino hacia lo yuppie, con todo y amarga transición punk.
El libro nos remite al estilo de dos maestros: J. D. Salinger (El guardián entre el centeno) y Jack Kerouac (En el Camino); gracias a la extraña combinación de inocencia y sordidez que permea las palabras del protagonista, Karim.
A continuación algunas de las palabras recurrentes en el libro, tal vez despierten su interés por él: troskista, anarquista, punk, hippie, hielo, vagina, teatro, actores, izquierda, snob, buda, negro, fascistas, muerto, pelos, Brinxton (el barrio de la canción de The Clash: The Guns of Brixton), poder, Corán, polla, India, cerdo.
Así que si lo encuentran róbenselo, o pídanlo prestado si el dueño es un amigo, la pasta es color naranja y lo editó Anagrama el año de 1991, con varias reediciones al día de hoy.